René Lavand, el mago de una sola mano

11 febrero, 2015

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Rene Lavand by martinorona

Héctor René Lavandera fue un maestro del arte de la perfección a través de un amor hacia la vida, en donde la ilusión nunca le abandonó, pese a los retos que se encontró en su camino. En una ocasión le preguntaron cómo se podía hacer una magia tan personal y profunda y contestó “pierda una mano”. Sí, era consciente de cómo ese accidente, lejos de lograr que desistiera de su amor por los juegos de naipes, hizo de él un mago, cuya genialidad, no pudo crear escuela, tan personal era su manera de crear ilusión.

Lavand rompió algunas de las reglas más básicas: repetir el truco, hacerlo muy despacio, repitiendo una y otra vez “no se puede hacer más lento”. Logró tanta habilidad, que introdujo un concepto nuevo: la “lentidigitación”.

Pero además, la originalidad de sus actuaciones se apoyaba en la palabra. Supo cómo ninguno, sumar un componente narrativo y poético, sin que nunca se interpusiera llegado el momento de la magia, en dónde hacía que lo imposible fuera real. Las cadencias, los ritmos y los silencios danzaban en torno a la magia, como un mantra chamanico que sabía conducir al espectador al punto álgido del espectáculo. Sus citas a Borges o a Unamuno marcan ese ritmo narrativo que fue una parte más de su esencia. Habilidad, técnica, poesía y una gran pasión por la magia de los naipes le llevaron a realizar diferentes giras, a través de Las Vegas, Hollywood, Europa o Japón.

En España también pudimos disfrutar de su genio. Fue muy conocido en los años ochenta, gracias a la amistad que le unía con Juan Tamariz, cuando ya era un mago consagrado, apareciendo en programas de televisión como Magia Potagia.

En definitiva, un hombre sencillo que no simple, como su magia, como la ilusión que nunca dejó de brillar en sus ojos.

La mentira del arte