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Un teatro que emociona

7 febrero, 2022

«El teatro no es sino una representación de la vida y la vida no es, sí no, emoción pura.»

Las artes no serían lo que son si no hablaran de lo que todos sentimos y nacieran de lo que siente el autor, consiguiéndose con un buen texto y una puesta en escena acertada una simbiosis entre público, actores y dramaturgo.
Actualmente se tiende, sobre todo en el ámbito de la infancia, a intentar enseñar a los niños a clasificar las emociones, el termino educación emocional es algo que oímos constantemente y que parece hasta “estar de moda” cuando es un término no del todo preciso y que no se ajusta a lo que verdaderamente debe hacerse con lo que sentimos.

Se inaugura una nueva edición de FETEN, la feria de teatro para niños en Gijón y no puede parecerme más acertada la elección de la temática de este año que ilustra su cartel, en el que unos pequeños muñecos representan una gran variedad de emociones.

Las emociones son tan subjetivas y laberínticas que aunque hay algunas que tenemos claro que
existen, resulta casi una utopía sentir sólo una cada vez y que no se entremezclen y se confundan.

Cualquier emoción es en sí valida, justamente porqué la sentimos y resulta quizás más idóneo hablar de acompañar esas emociones, validarlas y aprender a regularlas, para no caer en el error de pensar que hay emociones mejores y peores, y en ese caso reprimir las que a juicio del adulto «No son válidas o no tienen cabida según el contexto».

Cómo nos enfrentarnos a lo que sentimos guarda una estrecha relación con nuestro recorrido de vida y cómo nos han tratado nuestros adultos de referencia.

En una época incierta como la que estamos viviendo en la actualidad, numerosos estudios evidencian que la salud mental de nuestros niños y adolescentes está en peligro y que es urgente que se haga algo al respecto.

¿Y cómo puede ayudar el teatro a todo esto?

El teatro permite al niño ponerse en contacto con historias y situaciones con las que puede sentirse identificado, las historias narradas actúan como escaparates y a través de los personajes , de su manera de resolver las situaciones, resulta fácil que el niño libere sus emociones, las identifique y la representación teatral le ofrezca la oportunidad de descubrirse, enfrentarse ,visualizar y poner palabras, además con cuidado estético y artístico, que no sobra en este mundo a menudo “tan feo” ,aquello que siente.

No hay emoción que no aparezca representada en el teatro, desde el clásico al más moderno, en las historias sobre el escenario los personajes ríen, lloran, sienten miedo, sufren. Si llevamos a los niños al teatro desde pequeños estaremos  permitiéndoles desarrollar además la empatía, ayudando, no solo a que regulen sus propios sentimientos si no a qué respeten los de los demás. No debería haber tema prohibido a la infancia, porqué si algunos pueden parecernos duros , difíciles de abordar y que despierten emociones complejas siempre será mejor que lo descubran desde la butaca y acompañados de un adulto que les   ayude a comprenderlas,  transitarlas , reconocerlas, aceptarlas y en definitiva a vivirlas.

– Ana Nafria